jueves, 29 de marzo de 2012
Domingo en la ciudad de la diagonales.
La tarde pinta melancólica. Casi 30 grados en la ciudad. Los heladeros en la estación de Quilmes discuten cual es su tren, y se alegran por el trapo mojado que uno de ellos trae al grito de “Cagate de calor vos, negro de mierda”.
Llega el tren. “La Plata, parando en todas”. Casi una hora de viaje, me llama la atención cuan distinto es el viaje para ese lado que el que va para Constitución. El Roca. El famoso Roca. Hay verde, caballos, patos.
Llego a La Plata, derecho varias cuadras desde la estación, por la calle 44, llego a Plaza Italia. Bandita de reggae de fondo y feria de artesanos.
Por 7 camino hasta 51 y allí otra plaza. En frente, un centro de exposiciones, al que entro y una muestra de la Secretaria de Derechos Humanos capta mi atención por completo: “Clara Anahí Mariani, una de los treinta mil”.
Tenía tres meses, y entraron en la casa donde vivía con sus papas. Allí funcionaba una imprenta, donde se hacía y distribuía la revista “Evita montonera”. Su mama y varias personas más fueron detenidas-desaparecidas ese día, y ocho meses después su papa fue asesinado*.
Desde ese momento su abuela Chicha la busca incansablemente.
En la muestra se recreaba la casa, el garaje (donde aun esta la camioneta con la que distribuían la revista). También se exponían documentos de Amnistía Internacional, de la Comisión de Derechos Humanos, inclusive de quien había estado a cargo del “allanamiento”, quien argumentaba que el tiroteo había generado un incendio que había arrojado como resultado la carbonización de todas las personas allí dentro, y decía también “no recordar mas detalles”.
En otro sector de la exposición, Chicha, compartió muñecas que compro en cada parte del mundo a la que fue para luchar por su nieta. Toda una pared llena de muñecas de todo el mundo, imponente.
La casa, representada en esta muestra, está ubicada en la calle 30 entre 54 y 55 y es ahora un museo y la sede de la fundación que preside Chicha.
Para seguir con la caminata por la capital de la provincia, voy hacia Plaza Moreno. Allí, la Municipalidad, la Catedral y en el centro una murga bailando y cantando alrededor de una fogata, haciendo un ritual para el Dios Momo.
Desde Plaza Moreno, el 307 me devolvió a la estación de tren. A las 9 de la noche salí rumbo a Quilmes otra vez.
La Plata me resulta una ciudad mística, mucha historia, gente particular, movida cultural. Ojala este sea el primero de varios encuentros a solas.
*El libro “La casa de los conejos” relata desde el punto de vista de una nena de siete años, que vivía en esa casa también, los hechos y personas que motivan esta muestra. Muy recomendable.
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